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La catarata no tiene por qué hacerlo. En la actualidad, una cirugía para combatir este padecimiento, resulta ser una de las realizadas con mayor frecuencia a nivel mundial, en materia oftalmológica.

 Dr. Arnaldo Espaillat Matos

Médico Oftalmólogo

Director Médico Instituto Espaillat Cabral

 Dentro del ojo tenemos un lente natural llamado cristalino. Cuando éste se vuelve opaco –total o parcialmente– recibe el nombre de catarata… Ubicado detrás de la pupila, funciona como el lente de una cámara, permitiendo el paso de la luz y enfocando las imágenes en la retina, que a su vez las envía al cerebro produciendo de esta forma la visión.

Para realizar esta función de modo óptimo, el cristalino debe ser totalmente transparente, sin embargo, con el paso de los años esta lente se torna gradualmente opaca y amarillenta, reduciendo progresivamente la visión.

Una catarata puede ser la causa por la que una imagen nítida se vuelva borrosa, los colores brillantes se apaguen o la visión nocturna disminuya, o la razón por la que las gafas de lectura o los lentes progresivos parezcan no servir ya de ayuda. Podemos compararlo con ver a través del vidrio de un carro que está empañado o cubierto de polvo.

La edad es la causa más común de su aparición. Es normal que se presenten a partir de los 60 años, con un desarrollo paulatino. Otros factores son: condicionantes genéticos, traumatismos, enfermedades oculares o del organismo (como la diabetes), el consumo de ciertos fármacos (como esteroides), o una sobreexposición al sol sin utilizar gafas con protección ultravioleta (UV). En algunos casos, la catarata se presenta como consecuencia de un trauma (golpe); también puede ser congénita, es decir, se presenta desde el nacimiento.

 Los síntomas más habituales de la catarata son: visión borrosa; visión doble; percepción de colores opacos o amarillentos; dificultad para ver de noche, presencia de halos en la visión nocturna; fotofobia (molestias causadas por la luz); necesidad de más luz para leer; necesidad de cambios frecuentes en la prescripción de gafas o lentes de contacto; mejoría de la visión cercana sin razón aparente.

 Sobre su tratamiento. No existen medicamentos, ejercicios o dietas especiales que eviten o curen la catarata. En su etapa inicial, el uso de gafas de sol es aconsejado para evitar el deslumbramiento producido por el exceso de luz, pero sólo es una medida paliativa, no curativa.

El tratamiento definitivo para la catarata sigue siendo quirúrgico. Este procedimiento consiste en la extracción del cristalino opaco, sustituyéndolo por un lente intraocular (LIO) artificial de última generación, el cual puede tener diferentes capacidades de enfoque en cuanto a la visión lejana, media y/o cercana.

Las LIO tradicionales tienen un diseño óptico esférico, es decir, la superficie frontal está uniformemente curvada desde el centro de la lente hasta su periferia. Este diseño es relativamente fácil de fabricar, sin embargo, no imita la forma de la lente natural dentro del ojo, la cual varía en curvatura desde el centro a la periferia: la lente natural del ojo es asférica.

Las LIO esféricas pueden inducir pequeñas imperfecciones ópticas llamadas aberraciones de orden superior, que pueden afectar la calidad de la visión, especialmente en condiciones de poca luz. Las lentes asféricas, de tecnología avanzada, se asemejan más a la forma y la calidad óptica de la lente natural del ojo, por lo que pueden proporcionar una visión más nítida. Dentro de las lentes asféricas están: las lentes tóricas que corrigen astigmatismo, además de hipermetropía y miopía; así como las lentes intraoculares asféricas trifocales que corrigen la presbicia, es decir, el paciente podrá ver a la distancia, en visión intermedia y cercana, sin tener que usar gafas o espejuelos (o usarlas en el mínimo de ocasiones) luego de la cirugía.

Gracias a los avances en la tecnología médica, la cirugía de catarata es un procedimiento ambulatorio, rápido e indoloro, con mínimo riesgo y una pronta recuperación. La técnica más avanzada empleada en la cirugía de catarata es con el láser de femtosegundo (una milbillonésima parte de un segundo [10-15]), el cual permite personalizar el procedimiento al ojo de cada paciente… Aún cuando todos los ojos humanos comparten la misma estructura anatómica, cada ojo varía en términos de tamaño, profundidad, curvatura de la córnea y otras características clave, lo cual constituye la razón por la que cada ojo debe ser medido y mapeado cuidadosamente. Con el uso de láser se produce menos inflamación en los tejidos intraoculares por lo que la recuperación visual es más rápida y se construyen varios pasos de la cirugía con una precisión mucho mayor que de forma manual.

Antes del procedimiento, el equipo de láser de femtosegundo captura imágenes de alta resolución de los ojos, las cuales arrojan mediciones y datos exactos que ayudan al cirujano a planificar y realizar el procedimiento según especificaciones rigurosas, enteramente a la medida de cada ojo, con un mayor nivel de previsibilidad y precisión que usualmente no se puede alcanzar con la cirugía tradicional.

Hoy en día podemos lograr que luego de la cirugía de cataratas muchas personas puedan ver bien sin el uso de gafas o espejuelos. Sin embargo, en algunos pacientes pueden existir razones oculares que obliguen a utilizar gafas para actividades muy específicas, y en muy pocos casos, para llevarlas todo el tiempo luego de la cirugía.

Cita: “Aún cuando no se puede prevenir, la catarata se puede detectar mediante revisiones oculares. Por esto es aconsejable visitar al oftalmólogo periódicamente”.

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